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Redacción
Sábado, 14 de septiembre de 2019
Editorial

EL látigo del agua

[Img #18343]Cuando diluviaba como nunca sobre la Región y los ríos, las ramblas, miles de alcantarillas, las calles y los cielos reventaban, nos vino a la memoria la anécdota, el recién inaugurado paseo por las orillas del padre SEGURA a cargo del brioso ayuntamiento de la capital, una vieja idea que hace años expuso el ingeniero y ex concejal del PP , don José Bautista, proyecto que fue frontalmente rechazado por el costo, problemas en el cauce y su escasa viabilidad cuando tantos problemas y dolores de cabeza nos dan a los [email protected] el secular látigo del agua que nos viene fustigando el alma , el cuerpo y en fin la vida durante siglos, con sus sequias saharianas o inundaciones asiáticas por ciclones. En nuestras pantallas de un periodismo digital independiente hemos insistido hasta con dureza indignada que desde hace años los Gobiernos refugiados en el bunker de la Moncloa y sus confluencias regionales vienen haciendo caso omiso al drama que se nos plantea en la actualidad y los que vienen a la carrera sin que  haya  un borrador de un Plan Hidrológico Nacional como el que en su día propuso Borrell, la mejor cabeza amueblada del socialismo español, hoy desviado a Bruselas. La situación será crítica en un lustro no solo a nivel sureste, sino a escala nacional e internacional con la llegada del desastre ecológico. Y puede que una guerra armada, como ya es frecuente en África.

 

En los últimos años, desde que fue inaugurado el Trasvase, una obra proyectada por los socialistas de la República, puesta en marcha por el gobierno franquista e inaugurada en la Transición, por estas tierras gobernadas por inútiles solo nos hemos limitados a llorar, lluvias de lágrimas dedicadas a buscar votos, como aquella frase brutal de Aznar de “si hay votos habrá agua” al eslogan barriobajero del valcarcismo ruinoso del “AGUA PARA TODOS”. No han sido mejores los proyectos de  las nuevas tribus políticas, Ciudadanos, Podemos y separatistas, porque la política es un negocio −a veces mafioso− de los partidos y sus líderes en peleas frecuentes al descuido de cargos y pesebres en el marco del Estado de las Autonomías descontroladas, hoy al borde de la quiebra técnica y el consiguiente saqueo impositivo a costa de nuestro paupérrimos bolsillos, que presagia una nueva crisis social y a la postre, institucional que hace peligrar a una democracia debilitada por el descrédito parlamentario y la corrupción ideológica y material.

 

Cuando llovía torrencialmente sobre nuestra Comunidad Autónoma y el agua era tragada por la tierra sedienta o desembocaba millones de metros cúbicos a los mares, nos encendían los sentimientos de desaliento, escepticismo y rabia contenida, a la par que nos llegaban noticias muy duras, cuasi dramáticas, sobre el drama del daño material y humano. Durante los últimos treinta y cinco años, aquí, en  una de las regiones más pobres y olvidadas, que tiene potencialmente mucho futuro, no se han construido pantanos, embalses o obras colectivas que no nos obliguen a mendigar hectómetros de agua a los vecinos o se cierren en banda la Cataluña cicatera de trasvasar agua del Ebro que sobra.

 

Eso sí, muchas palabras vacías, ignorantes, parches, pozos y vertidos al MAR MENOR envenenado porque los agricultores forzados inicuamente  ya que el agua es un bien escaso en las huertas de Europa, sometidos todos nosotros a una guerra subterránea para evitar el desarrollo brillante de unas tierras feraces que son competencia   de otras comunidades autónomas que emplean todo tipo de argucias para reducirnos a la impotencia. Eso sí, a las autoridades de todos los colores se han apresurado a poner en marcha esa farsa inútil de declarar el Estado de emergencia y de catástrofe, que luego se diluye en un arroyo de ayudas fantasmales. Nos engañan sistemáticamente  durante siglos, y así vamos, tirando del carro de la mansedumbre que llega hasta las urnas llenas de votos conformistas de esclavos que votan a los cien amos del cacicato, y hasta rechazan una fórmula regionalista que en otras provincias se coronan con el éxito. El pulso del porro que anestesia a un millón y medio de menesterosos que se satisfacen con la sardina o con la paz romana, fiestas para ir tirando. La disyuntiva es clara. O nos rebelamos con energía y contundencia, o nos declaramos independientes, siguiendo la vía catalana o vasco nacionalista cuando los grandes líderes, si llegan por este mar de agua en sus viejas pateras, les explicamos de qué va el desastre, eso sí levantando, nuevamente aquella sublime pancarta murcianista que proclamaba gloriosa la ya leyenda de “BENDITA RIADA QUE HA TRAIDO A FRANCO A MURCIA!”, y en el mejor de los casos construimos una decena de desaladoras como la de ESCOMBRERAS, QUE NOS VA A COSTAR SEISCIENTOS MILLONES, A MANOS LLENAS PARA RICOS Y POLÍTICOS CANALLAS.

 

Habrá que exigir responsabilidades no solo históricas, sino por los errores y fallos de estos últimos años, ahora el agua para todos es una triste paradoja, porque las pérdidas acumuladas podrían superar los 4000 millones de euros. La imagen de este desastre que produce escalofríos con las vistas aéreas que hemos observado directamente, se refleja en el espejo del aeropuerto de Corvera, cerrado, que se  sepa, ninguna novedad en los de Alicante y San Javier, a las siete de la mañana.

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