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Jesús Pons.
Lunes, 16 de septiembre de 2019
nunca más soplagaitas que no se mojan ni los zapatos de charol y piel humana

El presidente, Casado y la UME

[Img #18347]Resulta algo indigno, por no utilizar un adjetivo más apropiado, que los jerarcas nacionales no amerizaran sobre el mar de agua. No en hidroaviones, sino con alas, como ángeles  de la guarda derramando promesas de urgencia para aplacar los ánimos encendidos, y luego apagados, de los millones de ciudadanos del levante español, antes Sureste, castigados con un diluvio que se vuelve a repetir una vez más, aunque se trate de tapar con argumentos cientificos derivados de la gota fria o el caos climático, que tambien, pero que algunos sabemos, y hemos publicado, se debe a los graves errores de nuestras autoridades desde los años cincuenta, y de la mafia de la construcción y el ladrillo levantando murallas de cemento en los cauces de los rios secos, túneles chapuzas, arroyos, ramblas temibles, terreno de cultivo y pantanosos, asi como en playas que se han cargado los vendedores de urbanizaciones turísticas cuando el boom del España va bien.

 

El presidente del Gobierno, en funciones, con sus zapatos impolutos, guapo y gesto de cabreo, Casado con estupendos mosaquines de galán de cine y dos ministros paseando en helicóptero para no mojarse los divinos pies, siguiendo la costumbre de no mojarse en nada respecto a la Región, esa región que vota masivamente a partidos infectados de corruptos a la espera de que una justicia seca haga sus labores con urgencia y ejemplaridad. Siempre igual, palmaditas en las espaldas o ese grito ministerial de que ENTRE LOS MURCIANOS con sus absurdas ideas de políticos vetustos herederos del caciquismo huertano, que no se han atrevido ni sugerido nada cuando ellos volaban por los cielos cargados de nubes, un momento clave para celebrar un Consejo de Ministros en Orihuela, Los Alcázares o Cartagena y despachar muchos asuntos pendientes que nos tienen a la cola de las comunidades autónomas, casi de farolillo rojo, pero claro no somos catalanes rebeldes, sino rebeldes sin causas sobre las mesas añejas con miles de folios olvidados con destino a los retretes del poder de Madrid y sus franquicias.
 

En el otro lado, el bando de los sufridores, de los castigados, de los machacados, de los estafados y de la gente decente de las onegés y muy especialmente de la UME y Guardia CIVIL, A LOS QUE DEBEMOS UN HOMENAJE GRANDE DE GRATITUD, por nosotros y por nuestros recursos, incluso salvando mascotas arrastradas por las aguas turbuletas, el ganado, los vehículos y hasta los jardines donde las flores otoñales crecian sin una gota de agua, sublime muestra de la gratitud de nuestras tierras secas que rendía culto Vicente Medina con su poesia, cuando reivindicaba, hace ya un siglo, que Murcia se moría lentamente de hambre y sed, olvidada por aquellos payos y estos de ahora, sin sentimientos e ideologias, a la espera de subirse a un sillon ministerial o cobrar como ricos, con dinero pobre. Por favor, nunca más, nunca más, nunca más soplagaitas que no se mojan ni los zapatos de charol y piel humana. Como siempre, en los medios adictos al régimen, resaltan lo evidente, LA CATÁSTROFE, con un titulo que mueve a humor negro : "APRENDER LA LECCION", como si la lección sea de ayer, como si no existiese el pasado, como si no se contara los muertos sepultados en siglos de desolación, luto y sangria económico-social, ¡¡qué asco, qué asco, que asco de tanto cinismo!!

 

LA locura no solo es patrimonio y epidemia en la capital de España, se reparte equitativamente en los últimos lustros.Lo de Murcia ha sido un impacto nacional e internacional sobrecogedor. Nosotros informábamos ayer que las pérdidas pueden ascendera los 4.000 millones, pero el sector más seriamente preocupado es el de los SEGUROS, cuyas agencias están evaluando lo que tendran que pagar a sus clientes con polizas muy caras. Un portavoz de este negocio nos ha confirmado que el valor de las pérdidas es incalculable y que se necesitan meses para saber la cifra exacta de las indeminizaciones, pero seran ,aproximadamente, de algo más de dos mil millones. Una locura sin responsabilidades, al estilo chapuza.

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