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El Gallo.
Sábado, 21 de septiembre de 2019
Es de una belleza ejemplar que nos sublima, alegra y entusiasma

La Lengua española brilla en la última novela histórica del cartagenero Pérez-Reverte, “SIDI”

[Img #18361]“S I D I”, LA ÚLTIMA NOVELA HISTÓRICA DE ARTURO PÉREZ-REVERTE YA ESTÁ DESDE HOY EN LAS LIBRERIAS  BRILLANDO  CON LUZ PROPIA PARA ENSUEÑO Y DELICIA de sus lectores, analistas y del mundo de la cultura latina, y en semanas, en el resto de otras naciones en  donde la literatura alcanza niveles de madurez,  proyectándose  en   avanzadas sociedades que disfrutan de una calidad  de vida aceptable, una prosperidad material e intelectual notable que en España, dolorosamente, anda dando tumbos. Hasta leer y escribir paga un alto precio, impuestos indecentes y cierta tiranía comercial de las grandes editoriales.

 

Si tuviéramos que destacar lo más brillante del libro sobre la figura y leyenda del Cid Campeador, una vida novelada pero pegada a la realidad de aquellos años de reconquista y guerras fronterizas históricas que terminaron frente a las murallas de Granada y se firmó la paz en la vecina Santa Fe, no cabe duda que  es la utilización del lenguaje, ese español rebajado políticamente a castellano, el español  que se habla en las Castillas y León. Es de una belleza ejemplar que nos sublima, alegra y entusiasma, ese español que hoy hablan más de seiscientos millones de seres humanos y algunos desertores nacionalistas. Hay párrafos que quedaran insertos en la literatura hispana y sus franquicias históricas de la mano de Pérez Reverte, el Cid, sus mesnadas, los frailes y los ya españoles de pro jugando ya a ser los españoles de siempre, la caballería europea y su política de ácratas, los mismos que cortan una flor que una cabeza, más de varones cristianos y mercenarios que de féminas, porque la afrenta de Corpes. O al menos no hay historia de la violencia de género en plena edad media, salvo la utilizada por la cultura mahometana, eso sí con cierta dulzura, como los amantes de piedra de Antequera, cristiana y emir musulmán.

 

       “Se acercó el segundo de la hueste, Minaya  lo llamaban, y Alvar Fáñez tenía por nombre. Si silueta maciza, acuclillada junto a Ruiz Díaz, se recortaba en el esplendor de la hoguera más próxima. La cruz de una daga le relucía al cinto. Olía a sudor, metal y cuero, como a todos. Tenía las facciones picadas de viruela y cicatrices de aceros: una de esas caras que necesitan un yelmo y una cota de malla para parecer completas. Las llamas rojizas danzaban luces y sombras en sus caras barbudas. Los hombres desensillaron los caballos, aflojaron los arreos y se tumbaron sobre sus ruanas a comer y beber algo de vino aguado….”

 

Pero si la belleza de la lengua española brilla con luz propia, nos subyuga, el contenido histórico novelado nos traslada casi visualmente a  aquellos años de hierro, como una película de ciencia ficción en blanco y negro pero protagonizado por héroes de carne, hueso y alma, no  de ordenadores desorbitados que chorrean falsos hechos  y personajes electrónicos. En el libro del escritor cartagenero, ya español universal, todo es verdad, forma parte de nuestra propia piel, es un relato con visos de imaginación que nace de un  enorme trabajo de documentación lo que le da a la obra un  marco de realismo que  cala nuestras fibras más sensibles, algo que ya va escaseando en los diecisiete territorios que tendremos que volver a conquistar cuando la noche deje de ocultar la verdad.

 

Para terminar este comentario  de protesta ante el vacío actual, se me ocurre reproducir aquellos versos de José de  Zorrilla, que el mismo Arturo Pérez-Reverte recoge en su libro, quizás entre los cinco mejores, un escalón más para llegar a las alturas del Nobel  de Literatura:

 

“Costumbres  de aquella era caballeresca y feroz,

en la que degollando moros se glorificaba a Dios.

Mas tal es la historia nuestra, no es culpa mía si

es bárbara, yo cumplo con advertírselo a mi pueblo

al relatársela”.

 

RIP. Hoy degollamos principios, ideas, historias pasadas, familias, derechos humanos y no reconquistamos nada, sino  que levantamos pesebres y murallas. Ellos no tenían hambre de gloria y poder, solo hambre. Hoy sufrimos todas las plagas porque  empieza a  escasear el amor. No se trata de volver al Medioevo, sino de  alcanzar la paz. Siendo un bello libro de hazañas bélicas, nos insufla  un mensaje de tregua universal, recordando el pasado armado. Lo es también la Biblia.

 

Se sabe que el escritor figura ya en la lista de los futuros premios Nobel, pero también  se sabe que este libro que entrará en polémica maniquea, será bloqueado por las terminales religiosas del islamismo terrorista, salvo que el jurado sepa separar lo bueno de lo malo del alma humana sectaria.

 

EPÍLOGO.- El escritor, con cerca de  diecisiete millones de lectores, hizo ayer unas declaraciones sobre el momento escabroso  que vivimos los españoles, una gran orquesta sin director ni partituras, y se manifestó claramente pesimista respecto al mundo mediocre de la política “España condena, odia y destruye la inteligencia… Ni palabra, no quiero que me envilezcan al personaje”, comenta sarcástico. Pero no obstante se explaya sobre la mediocridad congénita de una nación en la que se penaliza el saber, la cultura y el talento.

 

Precisamente ayer en algunos medios de prensa ofrecieron otra mala noticia, como que España continúa entre los países que menos invierten en Educación y fomentar la lectura. La partida  destinada a la enseñanza apenas supera en cuatro por ciento del PIB. Es evidente, y razonable, pensar que este bajo nivel  de preparación se refleja en ese entramado de perfil bajo que vota  y es elegido en las urnas.

 

“En España especialmente, la inteligencia es un pecado, no actuar en rebaño es un pecado. Del mundo tienen que tirar las élites, las masas no tiran del mundo, y esas élites las están exterminando en el colegio porque las están acomplejando y haciéndoles sentirse culpables”…

 

-Pérez-Reverte (Entrevista en El País.com)-

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