Desde
que apareció esta crisis se habla de que el capitalismo está fracasando o que
se va a derrumbar por sí mismo ante el destrozo social que está causando ahora
mismo en Europa y que nosostros los vivimos, mejor dicho, lo sufrimos en
nuestras propias carnes. Veíamos muy lejos la pobreza en otros países, pero
ahora ha irrumpido en nuestras vidas, en nuestras casas. Formamos parte de la
pobreza y nos da miedo lo que nos queda por venir.
Cuando
pregunto cuáles son los síntomas de ese “presunto fracaso” del capitalismo, se
suele responder porque es insorpotable los niveles de pobreza a la que nos está abocando y es increible
todo lo que está provocando este sistema: paro, precariedad, no llegar a final
de mes, desportección social, desahucios, empobrecimiento, el abandono de los
ya empobrecidos…Y, además, los verdaderos culpables de esta crisis salgan de
rositas, forrándose y se vuelvan a enganchar al carro económico de nuevo desde
otros sectores, sobre todo privados, que les permitan enriqueciédose.
Ante
essto, le respondo que esto no es el fracaso del capitalismo, sino que es la
realización del mismo capitalismo, porque los capitalistas quieren acumular y
poseer toda las riquezas. Su afán de ganancia es ilimitado y tiene una carácter
de permanente. Con este objetivo, consigue despoeer y despojar de cualquier
bien, derecho o dignidad al resto de ciudadanos. Su esencia es cuanto menos
seamos y más poseamos mejor. Este es el cerebro de la bestia. ¿Por qué existe
el hambre en el mundo, cuando es posible erradicarla? Porque los capitalistas y
sus insituciones la quieren. Es duro afirmarlo, pero es así. La vida humana y
la naturaleza sólo sirven en la medida que son útiles para sus intereses.
Cuando decimos que sirven al capitalismo hay que decir a continuación es que lo
destruyen. Los árboles de La
Amazonía sirven a los grandes madereros, porque son cortados,
un trabajador sirve a las grandes empresas porque es explotado hasta que caen
enfermos y son sustituidos por otros. El capitalismo es la dictadura del dinero
en unos pocos. A los capitalistas no les interesa la cultura, la educación, los
servicios sociales, la sanidad, la vivienda, el trabajo, entonces, estos
ámbitos de la realidad fundamentados en Los Derechos Humanos, les interesan en
la medida que los convierten en negocios y en ganancias y se apropian de ellos
a través de procesos de privatizaciones o recortando derechos. Aviso para
navegantes, ya han echado el ojo a las cárceles, empezarán por la seguridad
cambiando a los guardias civiles y poniendo a empleados de empresas de
seguridad privadas.
Por
todo esto, el capitalismo se expresa, se
realiza y se crece cuando se despide a miles de trabajadores, cuando se
precariza las condiciones laborales, cuando se destruye la naturaleza, cuando
se empobrece a la gente hasta la muerte, cuando se les vende armas para que se
maten entre ellos y las multinacionales se queden con los recursos económicos,
cuando se recortan derechos sociales, educativos y de salud, cuando se reprime
a la sociedad a través de las leyes y la fuerza, cuando compran voluntades
políticas, religiosas, militares, judiciales y de cualquier otro orden, cuando
se pone precio a los medicamentos con la excusa de las patentes que impide el
acceso a las mismas –es lo que está pasando con el SIDA en Áfrcia-, cuando se
echa a una familia a la calle…y así un sinfín de realidades. El capitalismo es
inherente a la injusticia, a la inmorialidad y a la indecencia. El antónimo de
la vida es el capitalismo.
El
capitalismo no está cayendo, se está consolidando y afianzando, porque sus
pilares se basan en la pobreza, la miseria, la represión, la sumisión y la mera
supervivencia. Lo que nos está ocurriendo es fruto del capitalismo, es el
capitalismo.
Debemos
vivir sin capitalismo, porque no deja
vivir y hace inviable la propia existencia. Hay que cambiar las estructuras
socieconómicas y transformar los corazones de aquéllos que no sienten nada de
remordimiento con la muerte de personas como consecuencia de sus acciones
especulativas, bursátiles, de narcotráfico, de venta de armas y de tráfico de
personas.
El
capitalismo es en sí mismo la expresión de un proyecto de maldad, de una maldad
inteligente.
No valen reformas, hay que recluir al capitalismo en los libros de la historia como un mal recuerdo, si queremos que la vida tenga y sea vida y no es una redundancia.