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Mis perros ladraban, los pobres, a la luna. El toro enamorado de la luna,
llamado "Campanero" por el mayoral, bramaba con fuerza de toro bravo,
impreso en la bandera. Hacía un calor de pelotas. Por eso les advierto, que no
puedo responder del todo de mi estado síquico. Estaba trastornado anoche. En
esos momentos de dormivela, apalancado en el sillón de mimbre, veía que de la
caja tonta, más estúpida que nunca, el televisor de colorines, iban saliendo
imágenes también estúpidas de las Españas de nuestros dias, televisadas como
una cascada sonora que emitía música celestial.
Aquí estaban las diversas Españas de la cacofonía social y política orquestada
por unos individuos fariseos de un mundo folclórico, luterano y de millonarios
que corrían tras un balón entreteniendo al circo. El pan y el circo romano e
hispano, italiano y español, los primos. Un programa de caudillos, césares y
duces. DonFrancisco lo programaba.
La televisión oficial también chorreaba aplausos a la Isabel
Pantoja, la vestal del pueblo. Aplausos alquilados por los capitalistas
taurinos, a una señora imputada para la que pide el fiscal casi cuatro años. Es
la España de las palmas y los olés, residuales, afortunadamente para los
españoles ibéricos que vivimos instalados junto a los clarines del miedo y de
la Justicia, apabullada por los políticos y sus manifestaciones espontáneas
organizadas por los partidos iconoclástas del dame pan y dime tonto.
Vomitaba noticias desde Bruselas donde los mercaderes de
Europa apoyados por los panzers alemanes acojonaban a los pobres, a los
desahuciados, a los desempleados y a los recortados por el frio cuchillo de la
tecnocracia .Claro que no se puede esperar mucho ni poco de esta gentecilla
anglosajona y germánica, los bárbaros del norte, que cenan a la hora de merendar,
como en el dulce hogar de la señora Rottermaier, que como se sabe no asistió a
la final de la Eurocopa latina en la que incluso el árbitro fue portugués, a
Dios gracias. Es verdad que sus euros pueden mucho porque el Muro de Berlin
cayó pero no los cerebros cuadriculados. Se llama amnesia nacionalsocialista.
España si estuvo, porque es luz de Trento, martillo de herejes, cuna de San
Ignacio y camino del Caudillo. Digo de Santiago con su botafumeiro, escudo
oloroso de esa patria vestida de rojo provocador. Sí, es verdad, estamos de
acuerdo que la excepcionalidad geofísica y política, aunque no financiera, de
nuestro país se fundamenta en un carajal de Comunidades Autónomas, pero en
cambio exhibimos a nuestro Ramón Luis Valcárcel, patrimonio cultural e
histórico, de la Murcia profunda, eterna y solidaria, que apoya al benemérito
Mariano Rajoy triunfador en Bruselas, y eso que carecemos de política exterior
desde el reinado de Carlos III. Todos estamos también de acuerdo que la última
semana ha sido de medias sonrisas. Incluso de buena vecindad por la ayuda del
socialista Hollande, ese francés con rostro de corso, pero menos que Napoleón. Amigo
de Rubalcaba que ha llevado en los últimos meses algo de razón mefistofélica.
En este clima de cuarenta, el calor futbolero ha sido
desproporcionado, un derroche mediático para recuperar lectores y oyentes, que
sospechamos que se ha impulsado políticamente para ver si la crisis incluyendo
la crisis negra del carbón, repito carbón, se diluyera. No estamos para muchos
trotes aunque las masas convirtieran nuestras calles en un desierto pendientes
del huracán deportivo.
Es la hora, la cara de la otra España taurina, las postizas y el diabólico
esférico convertido en un rutilante sol empujado por millones de
gargantas secas por la emoción y el infarto.
Todo un alarde en la nación de las crisis y el derroche, de la locura y el
grito. Pero bueno está, porque hemos terminado haciendo historia como titulaba un
diario enloquecido por el patriotismo aldeano. Una historia sin sombras, dice
un servidor, porque el furbo es como el euro dando alegrías y disgustos, sostenidos
con árbitros comprados.
Cuando escribo estos últimos párrafos me emociono, me siento un Méndez Nuñez. Que
importan los barcos, que importan los resultados. Hemos escrito un capítulo de
la moderna historia española con Rajoy, Rubalcaba, Valcárcel, Merkel, Monti y
Hollande con goles y sin goles. Es la otra honra del ilustre y gran marino,
desconocido. No como Iker Casillas. Eso es ya otra cosa. Es cultura. Luego
llegará la depresión, la de la pasta y la anímica. Qué remedio, amigo.
NOTA DEL AUTOR.-Con este triunfo de la Selección Nacional, mal llamada la ROJA, podía llamarse la AZUL, todo nuestro hermoso país se verá adornado por millones de banderas españolas, algo que ha logrado el furbo, que nadie sienta vergüenza de ponerla en lugar destacado. Pero me temo que quizás cuando nuestro equipo empiece a fallar, las banderas volverán a los baúles de los tristes recuerdos, lo que demuestra que éste es un pueblo para las maduras y no para las duras, y que lo mismo corre delante de los santos que detrás de ellos. Como con la Guardia Civil. Adoro a los hinchas celtibéricos.....