Las estructuras democráticas que nos dimos hace treinta años no nos
sirven. Los partidos políticos, por lo menos aquellos con posibilidades de
gobierno, han demostrado su servilismo al capital, bien al propiamente financiero
como al empresarial. Están supeditados a las recomendaciones de esos grupos
que, teniendo un grandísimo poder, lo ejercen a través de todos los medios a su
alcance y que son muchos. Algunos de esos medios son los que nos inundan de
noticias escritas, habladas o televisadas. Algunos, o prácticamente todos, son
los que se encuentran sojuzgados a los intereses bancarios o empresariales. Son
éstos quienes pagan y el que paga manda. Aquella libertad de prensa, aquel
periodista objetivo e implacable con la verdad, desaparecieron bajo la tutela
de aquel que contrata o despide. El capitalismo todo lo puede comprar y, si es
de su interés, lo compra. Poco importa
el o los receptores. ¡Es tan fácil engañarles!
En este sentido, y gracias a la Internet, hoy somos muchos los que
disponemos de herramientas para comunicarnos con los demás y les intentamos
transmitir otros puntos de vista, otras opiniones diferentes. Este medio (VEGA
MEDIAPRESS) es buena prueba de ello. Somos pequeños y es nuestra voluntad y
nuestro esfuerzo lo que nos mueve. Intentamos compartir nuestros pensamientos e
ideas. Sólo nos mueve acercarnos a la verdad de las cosas y a la solución de
los problemas. Desde la soledad de esos cuartos que nos acerca, primero, a la
reflexión pausada con nosotros mismos y, segundo, a compartir con vosotros
nuestros pensamientos más honestos.
El primer párrafo constata lo fácil que es para ese capital hacerse con
el control de aquello que le interesa. Hoy, tras esos treinta años, tenemos un
país hundido en lo económico, en lo político y en lo social. Nuestra
implicación social ha de ser mayor en todas las estructuras políticas y
económicas. Y pensaba yo que sería bueno poner todas las trabas posibles para
que esto no ocurriera con la facilidad con la que lo ha hecho y lo hace. Pienso
en las estructuras democráticas como por ejemplo, un Ayuntamiento. Con los
dedos de una mano podríamos contar los Aytos., de este país que no están en la
bancarrota más absoluta. Son la primera estructura democrática.
Elegimos a nuestros representantes políticos y éstos obtienen el
mandato y la soberanía para la mejor gestión de nuestras tasas e impuestos.
Como todos están en bancarrota deduciremos que no han sabido gestionar nuestros
dineros. Han gastado mal o peor. La gestión no ha respondido a los intereses
ciudadanos, sino más bien a otros intereses que todos conocemos. Tenían toda la
legitimidad y la soberanía para hacerlo, se le dio. Pero, ¿Es suficiente la
garantía que nos hacen en las campañas electorales? No. Pueden mentir, de hecho
es lo que hacen, nos mienten y no tienen castigo por ello. Esto me hace pensar
en que hay que asegurar la garantía. Se me ocurre lo siguiente:
Constituir un CONSEJO DE LOS HOMBRES LIBRES. Al igual que se eligen
para presidentes de mesa o vocales en las elecciones, eligir junto a las
elecciones a ese comité de hombres libres. Su renovación sería anual. Su número
podría estar en función de la población y nunca mayor de 12. Habría que
dotarles de una ley que desarrollara sus funciones y responsabilidades, sin
perder el objetivo. En esencia, serían los responsables de la gestión económica
y de las grandes decisiones. Hasta no hace mucho, existía el servicio militar
obligatorio y gratuito. El Estado nos exigía nuestra participación para la
defensa de nuestro País. ¿Por qué no hacerlo ahora para la defensa económica,
social y política?
Los políticos harían el presupuesto anual y ellos serían los que
aprobarían o no dichos presupuestos, oídos todos los grupos políticos. Y la
vigilancia de su ejecución y el cumplimiento de los tiempos. Otra de sus
funciones podría ser la de fiscalizar a las empresas concesionarias de
servicios, al ser estas las destinatarias de las grandes sumas de nuestros
dineros. Su mayoría estaría en 9 de los 12. Este Consejo no tendría
remuneración por su trabajo. Si tendría el poder sobre los presupuestos que
elaborara el partido gobernante, partida por partida, asiento por asiento.
Ellos aprueban o no. Y todo en Román paladino, para que todo el mundo lo pueda
entender.
La esencia de este planteamiento estaría en: - Personas elegidas
aleatoriamente y al margen de los intereses políticos. – Personas sin
trayectoria ni curriculum político.- Personas del pueblo y anónimos
representantes de los vecinos.- Personas llamadas a servir a la colectividad
sin más ánimo que cumplir con el trabajo encomendado.- Personas de la calle que
conocen cuáles son las verdaderas necesidades de los vecinos.- Personas de la
calle que poseen más sentido común y más conocimiento de cómo hacer mejor las
cosas.
Al ser tantos y, por tan poco período de tiempo, estos representantes
sería muy difícil su compra, su intoxicación o chantaje por parte de esos otros
poderes que siempre acechan en la sombra y siempre con intenciones negativas
para la ciudadanía.
Serían varias legiones de vigilantes anónimos en todos los estamentos
de la Administración del Estado, de las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos.
Legiones de ciudadanos implicados en lo público, sin mayor interés que el de
hacer las cosas lo mejor posible hacia el ciudadano, que es a quién realmente
presta su servicio. Demasiada gente para negociar con ellos.
Romper con la estructura actual donde, mediante un voto, damos todo el
poder y soberanía y nos olvidamos durante los cuatro años siguientes. No hay
más herramienta en esta forma de la gestión pública. Reinventemos.
Reinventar el Ágora griego y llevarlo al centro de las decisiones
políticas y económicas que nos implican y salpican a todos los ciudadanos.
Es una aportación.