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Peter Magnus.
Viernes, 12 de julio de 2013

Cuando la vida de una persona vale menos que una botella de whisky

[Img #5520]Tengo un amigo que viene quejándose últimamente de su “tragedia doméstica”; entrecomillo lo de tragedia doméstica por parecerme falta de argumentos, o de base, o de peso, como quieran llamarle, para definir como tragedia a lo que le ha pasado al citado amigo que no son más que asuntos irrelevantes en relación o comparación con lo que vengo a escribir y por lo que he decidido poner este título tan largo.

No sé cuántas veces me habré hecho la pregunta siguiente, y tampoco sé cuántas veces se la habré planteado a mis queridos lectores: ¿Es una sociedad sana cuando permite crímenes de lesa humanidad? A ver, que no haber, un crimen de lesa humanidad es aquel que se produce, más bien se perpetra, diría yo, contra un ser humano sea de la raza que sea y vista los colores de la selección de fútbol que sea, y sea de la filiación política que sea, un crimen es un crimen, y una sociedad en la que se cometen crímenes y se permiten éstos, no es más que una sociedad enferma.

Y es enferma no solo porque permite los crímenes sino porque, además, los justifica, doble razón para decir que vivimos en una sociedad totalmente desquiciada, loca, rematadamente demente, necesitada de un buen y gran psiquiatra que le recete alguna solución, porque sabemos ya que los milagros no existen, y que por obra y arte del espíritu santo no se libra ni dios de este salvajismo en el que estamos viviendo.

La razón del título de mi artículo de esta semana es la muerte de un chino en Fuengirola, cuando al defender su tienda de un robo de una botella de wkisky fue atropellado, sí, así, a sangre fría o porque la sangre del joven que conducía el vehículo, estaba demasiado caliente debido a los efectos secundarios que producen noches de drogas, alcohol y desenfreno, cosa no muy difícil de sufrir cuando vives en ciudades de la Costa del Sol como es Fuengirola, lugar donde han acaecido los hechos:

“La Policía Nacional ha detenido en Fuengirola a cuatro jóvenes, tres hombres y una mujer con edades comprendidas entre los 18 y 19 años, por su presunta participación en el robo de un bazar chino este fin de semana en el resultó herido un comerciante que falleció ayer en el Hospital Carlos Haya donde fue ingresado. A los arrestados se les acusa por su presunta participación en los delitos de homicidio, robo con violencia y omisión del deber de socorro.

Los hechos investigados se originaron en la mañana del día seis de julio, cuando se recibía una llamada del 091 avisando de que se había producido un robo con violencia en un bazar chino de la localidad y que había una persona herida de gravedad. El hombre, que resultó herido muy grave después de ser atropellado al encaramarse al vehículo en el que iban los jóvenes que presuntamente acababan de robar en su establecimiento, falleció en el Hospital Regional de Málaga.

Inmediatamente se personaron en el lugar varias dotaciones de policía que pudieron comprobar que en lugar se encontraba una persona herida que rápidamente fue atendida por los servicios sanitarios personados en el lugar, siendo trasladados hasta un centro hospitalario de la capital donde falleció en el día de ayer.

Las primeras pesquisas determinaron que los hechos al parecer ocurrieron cuando los ocupantes de un vehículo estacionaron frente al referido bazar y se bajaron dos de sus ocupantes que tras cometer un robo con violencia, llevándose una botella de bebida alcohólica abandonaron el lugar a bordo del mismo vehículo.”

Y sigo planteando la misma pregunta: ¿Cómo puede una sociedad moderna, democrática, en la que la justicia debería ser uno de los principales valores, permitir que unos jóvenes de entre 18 y 19 años perpetren un crimen como este? ¿Quién va a resarcir de los daños psicológicos a la mujer y los hijos del inocente que, defendiendo su negocio, muere como muere el soldado en acto de servicio?

Nadie, queridos lectores y queridas lectoras, nadie va a resarcirle nada a esa familia porque vivimos en una sociedad enferma, egoísta y criminal por los falsos valores que propugna, con los que comulga y a los que defiende a pesar de saberse cómplice de crímenes como este, porque al fin y al cabo víctimas y criminales en potencia somos todos.

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