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Peter Magnus.
Martes, 20 de agosto de 2013

Licencia para matar

[Img #5627]Caos, desestabilización, y miedo. Tres buenos argumentos para echar a correr, cosa que hace mucha gente ante la mínima contradicción. ¿Por qué hoy el título homónimo de la película que protagoniza el gran Clint?, bueno por aquello de que la ley, (contra la mal definida), violencia de género, le otorga a las mujeres licencia para acabar con su pareja si ellas así lo estiman oportuno.

No, no me vayan a crucificar por afirmar esto, no, que solo pienso desde la perspectiva de justicia y en muchos casos no existe la misma y muchos hombres han ido a parar a las dependencias policiales por la simple denuncia de su pareja por malos tratos. Aquí habría que hacer un concienzudo estudio sobre la definición en sí, ¿qué es lo que se define como mal trato? Evidentemente es todo aquello en lo que se demuestre la violencia física o psíquica, pero la primera es fácil de descubrir, la segunda, todos sabemos, es más escurridiza.

Salvando las pruebas que evidencien estos dos tipos de violencia con la que no estoy de acuerdo, por supuesto, no soy partidario de ningún tipo de violencia, pero tampoco lo soy de ningún tipo de injusticia.

Así que si a una mujer, por ejemplo, se le ajuma el pescado con su marido o pareja, y lo quiere hundir en la miseria, no hay nada más que denunciarle, y una vez hecho esto, no solo la ley hará lo suyo para que así sea (muy pocos casos hay que el hombre haya salido indemne de esta lucha), sino que la sociedad hará lo suyo para que a este hombre se le cierre algún tipo de puertas, y el hombre que otrora fuera buen amigo, buen compañero, generoso, bondadoso, honesto, fiel, tolerante, sociable, etc., acaba siendo condenado por esos que antes eran sus “amigos” y son los que conforman el mapa de esta sociedad cruel y hostil en la que cada día se nos van tendiendo trampas; digo, que ese hombre acaba siendo marginado, humillado, insultado y represaliado por un delito que no ha cometido, por un “crimen” inventado a la medida e interés de la mujer que despechada, o no, o que no sabe cómo decirle a su pareja que ya no siente nada por él, que lo suyo se acabó, o que ha encontrado a otro hombre. Ella para justificar sus actos no dudará en inventarle a su pareja cualquier capítulo que en cuestión de verdad en este caso la ficción supera la realidad.

La mujer de hoy, la mujer moderna, en muchos casos, en lugar de celebrar que la igualdad entre mujeres y hombres cada vez es más un hecho que una falacia, lo que hace es actuar de modo como si aplicara una venganza por los agravios sufridos durante siglos por otros hombres que hoy no tienen nada que ver con la realidad, sabiendo que hay casos en los que la excepción confirma la regla, no podemos negar ni permanecer mudos ni ciegos ante el avance de casos en los que injustamente se acusa a hombres a la primera de cambio de mal trato. No, no debemos permitir ni mujeres ni hombres que esto sea así, porque lo que está en juego es la convivencia entre todos, y es a los hijos a los que se les va a trasmitir la parte negativa de esta lucha, de esta guerra que se libra entre parejas, personas que una vez se entregaron unos a otros en lo más íntimo, en el cuerpo a cuerpo, en la desnudez que nos pone a todos en el mismo plano y al mismo nivel: ¿cómo esas personas pueden llevar a cabo actos de este tipo? No me refiero solo a las falsas denuncias de ellas hacia ellos, sino también a la violencia ejercida tanto por las primeras como por los segundos. ¿No será que estamos sometidos a la violencia no solo doméstica sino a una violencia global en al que ya nada es como ha de ser, dando lugar a deformaciones y aberraciones tales que el ser humano está más cerca de lo salvaje, lo animal, que de lo humano. ¿Cómo un hombre, o una mujer, no importa el sexo, pueden abandonar a sus hijos convirtiéndolos en víctimas de su “santo EOGÍSMO”?, ¿qué es la libertad de uno cuando para conseguirla otros deben sufrir la prisión, la violencia, y el dolor que causan la humillación y el abandono?

Creo que lo he preguntado muchas veces, pero me repito: ¿Qué clase de mujeres y hombres estamos formando dando estos ejemplos, a los hijos, de insolidaridad, de intolerancia, de falta de respeto, de humillación, de marginación, de violencia no solo verbal sino física?

VALE.           

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