Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Peter Magnus.
Domingo, 3 de noviembre de 2013

La demolición del Estado

“El porvenir es la única clase de propiedad que los amos conceden de buen grado a los esclavos”.
Albert Camus

 

[Img #6205]Tergiversan cualquier ideología, y convierten a los que luchan en su contra en terroristas, hacen de los contestatarios y rebeldes fetiches: puro consumo (gorras, camisetas, chapas, libros, etc.). Lo aniquilan todo y su gran plan es llegar a imponer en el mundo el anarco-capitalismo, o lo que es lo mismo: la jungla donde la depredación será la moneda de cambio, el único “valor” (por supuesto amoral) que impere por encima de todo, y sobre todo por encima del ser humano.

En esta sociedad mercantilista y salvaje lo humano no tiene sentido, un niño, una niña, una adulta, un adulto, un anciano, o una anciana no significan nada más que costes para el anarco-capitalismo, que se rige por el único parámetro que le es rentable. Y cuando estos seres citados no le son rentables los destruye sin miramiento alguno.

No, no son buenos tiempos para la lírica, ni para romanticismos, ni para utopías, estos son tiempos de destrucción-demolición (¿qué tiempos no lo han sido desde que el ser humano es eso, un ser humano?), de la identidad de los seres humanos, son tiempos de uniformidad, de cabezas rapadas, y nuevamente huecas (fascismos, nacismos, totalitarismos y muchos otros istmos…), tiempos de genocidios encubiertos (cáncer, y otras enfermedades), tiempos en los que a pasos de gigante, y con una rapidez tal que no nos da tiempo a asimilar, cambian las normas del juego, tiempos de destrucción de todo lo público que, de la noche a la mañana, se convierte en privado como por suerte de birlibirloque.

Son tiempos de depredación como ya he dicho, tiempos en los que los valores se esfumaron y fueron convertidos en anécdotas del pasado, esas cosas que los viejos y viejas del lugar tenían como costumbre mantener para no matarse los unos a los otros. En la novela Una dieta peligrosa de Pierre Colline (Attormenta Ediciones, Rumanía, 2010), se describe una sociedad más o menos como la que hoy se está creando, como la que comienza a sacar su cabeza de la ciénaga de la que proviene, porque un sistema como el que soportamos no puede nacer de otro lugar que de la oscuridad, del mundo de las sombras, del que el escritor Edgar Borges dice que sale toda la miseria de este mundo porque el poder fomenta y promociona el lado oscuro de los seres humanos desposeyéndolos de humanismo, dejándolos indefensos ante esa estructura que ha creado como si de un laberinto se tratara para usar a los humanos como si fueran ratones de laboratorio, cosa esta que tiene su mayor y más perversa prueba en lo que en el siglo veinte hicieron  el nacismo y el comunismo en Europa auspiciados por el capital.

Conejillos de indias es lo que somos, o es lo que pretenden que seamos para someternos y luego aniquilarnos a todos sin excepción alguna y por supuesto sin escrúpulos. ¿Cuándo el poder que gobierna el mundo ha tenido escrúpulos? Que se lo pregunten a los habitantes de Hiroshima o Nagasaki, a los de Vietnam, a los de Irak, o a los países de América Central y del Sur, o a África, o a Japón, o a Rusia, o a Rumanía, o a tantos otros países invadidos y arrasados en nombre de una falsa verdad, un slogan creado a la medida de los que construyen los mapas de este mundo globalizado donde el dinero y la mercancía puede circular libremente, y sin embargo en el que los seres humanos deben de cumplir ciertos requisitos para ir de un lugar a otro, ¿cómo no llamar perverso a este plan “Marshall”?

No, no son tiempos buenos para la lírica, ni para los seres humanos, convertidos éstos en meros números, esclavos al servicio de un arcángel llamado Poder que está sentado a la derecha de un dios llamado dinero y que es el que marca las directrices para que se lleve a cabo la demolición del Estado, y de todo lo que otrora fuera público, por tanto, el desmantelamiento de la sociedad del bienestar, la aniquilación de una parte de los seres humanos que han sido rebajados a la categoría de esclavos y que serán sacrificados a ese dios por el bien de la clase dominante.

¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
VegaMediaPress • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2019 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress