La frase que hoy da título a este
artículo costó la vida a millones de personas. En Europa hubo dos grandes
líderes que fueron los que llevaron a cabo la matanza de esos millones de
personas de un modo sistemático y cruel con el fin, según sus perspectivas
–distorsionadas de la realidad- de
“Crear un nuevo hombre”, para lo que había que acabar con una gran parte
de ellos. Aquellos dos sanguinarios regímenes fueron por un lado: el que aupó
el Nacional Socialismo en Alemania, y por otro el que aupó al Comunismo en
Rusia, en el primer caso fue Hitler su mayor exponente, y en el segundo lo fue
Stalin, ambos fueron, para esos millones de personas asesinadas
sistemáticamente, el terror de su existencia la cual vieron exterminada sin
poder alzarse para evitarlo.
¿A qué viene este artículo?
Podríamos preguntarnos. La razón del mismo me vino ayer al ver un documental
del canal Historia titulado “La
Verdadera Historia del Comunismo” y que pueden ver en este enlace:
http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=RznfJGAq8F8&gl=ES que nos cuenta esa parte que parece que nadie
está dispuesto a aceptar, sobre todo las izquierdas del mundo. Yo soy hombre de
izquierdas, de lo que me siento orgulloso, pero no puedo sentirme orgulloso, ni
puedo seguir guardando silencio –Gunter Gras tampoco quiere seguir guardándolo
sobre el asunto de Israel: http://slt.telam.com.ar/noticia/was-gesagt-werden-muss--biling-e-_n936 -; cuando
descubro que el comunismo y el nazismo estuvieron de acuerdo en el exterminio
de millones de personas, y no solo estuvieron de acuerdo sino que colaboraron
en ello.
También descubro con estupor que a
escritores como George Bernard Shaw (Dublín, 26 de julio de 1856 – Ayot St. Lawrence,
Hertfordshire, 2 de noviembre de 1950) que fue un escritor irlandés, ganador
del Premio Nobel de literatura en 1925 y del Óscar en 1938, se le otorgaran,
precisamente, estos premios cuando su pensamiento –y no tuvo reparo en
decirlo-, era este:
“La inmoralidad de comer animales fue una de las causas más cercanas a su
corazón y es un tópico frecuente en sus obras y prefacios. Su posición,
mantenida sucintamente, fue <<Un hombre de mi intensidad espiritual no
come cadáveres>>”.
Shaw creía en matar por categoría, al
holgazán, el inepto y los opositores. Y no contento con esta forma de pensar, invitó
a los científicos a que inventaran un gas humano que matara instantáneamente y
sin dolor, mortal pero humano, no cruel. Además defendió el nazismo y el
fascismo de Mussolini porque "hacían cosas", no se quedaban sin hacer
nada como los gobiernos democráticos. Al final, renegó del nazismo porque
Hitler había transformado la concepción marxista del nazismo.*
<<Un hombre de mi
intensidad espiritual no come cadáveres>> ¿cómo a un hombre de “su intensidad
espiritual” que cree en matar por categoría, al holgazán, al inepto y a los opositores
e invita a crear un gas letal para exterminar por categorías, se le conceden
esos grandes premios por su obra? Es algo que me preocupa ya que las clases
dominantes están compuestas por hombres de esta doble catadura moral, un hombre
como Shaw que se convirtió en vegetariano a los veinticinco años, digamos que
fue el “padre” del gas denominado Ciclón B, que diez años más tarde de las
declaraciones de Shaw fue el responsable de la muerte de millones de seres en
Europa por parte del nacionalsocialismo, mientras que Stalin en Ucrania impuso
la hambruna con la que mató a siete millones de ucranianos, mientras el grano
que les fue arrebatado era enviado para alimentar las tropas de Hitler.
Lo que realmente debería preocuparnos es esta pregunta que
les invito a responderse sin que sucumban ante la atrocidad de su respuesta:
¿Por qué asesinar es esencial? (Hitler-Stalin-Mussolini-Franco), encontraron en
sus retorcidas mentes la respuesta y no dudaron en ponerla en práctica y esto
costó la vida de más de veinte millones de personas en Europa y el Mundo no
hizo nada, y que no nos convenzan los ardides de Estados Unidos e Inglaterra en
aquella época en la que por un lado se convertían en “salvadores” mientras que
por el lado oscuro auspiciaban con dólares el genocidio. Lo mismo ocurre en
este tiempo, en los albores del siglo XXI, donde Estados Unidos, Inglaterra,
Europa e Israel ponen en práctica la respuesta de la pregunta ¿Por qué asesinar
es esencial?
El señor Bernard Shaw no comía carne por ser su “espíritu” de
una “condición elevada”, sin embargo, podríamos decir que fue asesino de
pensamiento y vuelvo a formular la pregunta:
¿Quién es más culpable el que ejecuta un crimen o el que ordena ejecutarlo? ¿Quién es más culpable, el verdugo cuando deja caer el hacha sobre el indefenso cuello del reo, o los testigos mudos que se congregan ante el patíbulo para verlo?